Pídele al viento firmeza
y al río que vuelva atrás.
No me pidas que me quede,
si toda mi vida contigo se va.
Llora en la tarde el lucero;
y en el silencio sin fin.
Por los profundos sauzales
desangra llorando su canto el crespín.
Yo te pido que nunca
me tengas piedad,
envenéname de amor.
¡Dame a beber de tus ojos
dos tragos de sombra de tu corazón!
Cuando me voy de tu lado,
crece, en la ausencia, el amor
a la distancia comprendo,
¡no tiene sentido la vida sin vos!
Y si te miro a los ojos,
siento en el alma crecer
una frescura de trébol,
que moja el rocío del amanecer.


