Secreto a voces
"...desenrollaba una historia que cuando parecía a punto de desfallecer, renacía vigorosamente ensamblada con otra y proseguía su relato"; con tales palabras, el enigmático señor de la pajarita, espeja el "secreto" que Viviana Dujovne recrea en sus relatos: nada menos que el "secreto" del cuentista…
Muchas de las historias... desvían a una suerte de toque mágico que crea una zona intermedia entre fantasía y realidad, de tal modo que es posible leer que los barcos vuelen, que otro cielo se dibuje "en la negritud del suelo que se puebla de brillos", o incluso transitar los claroscuros que plantea el proceso de disolución de Un tal Osvaldo Baldi.
La mirada narrativa, alerta a la percepción sensorial, apela, entre otras temáticas, al recuerdo de infancia. Allí, la memoria reconstruye la casa de los abuelos, espacio real o imaginario -poco importa el dato preciso-; de ella, la narradora protagonista ha conservado solo una pequeña llave que alguien olvidó dentro de una jaula. Llave-pájaro, por qué no pensarla así, que le ha permitido encarar también a Dujovne su propio "cruce" al otro lado del espejo, tanto como dejarse caer en la madriguera-pasaje al mundo de maravillas que Carroll diseñó para su célebre Alicia: "Creo -se dice en La casa grande- que ella es la que me abre la puerta a la ficción cada vez que necesito guarecerme de un chubasco sorpresivo de excesiva realidad, hasta que escampe".
Muchas de las historias... desvían a una suerte de toque mágico que crea una zona intermedia entre fantasía y realidad, de tal modo que es posible leer que los barcos vuelen, que otro cielo se dibuje "en la negritud del suelo que se puebla de brillos", o incluso transitar los claroscuros que plantea el proceso de disolución de Un tal Osvaldo Baldi.
La mirada narrativa, alerta a la percepción sensorial, apela, entre otras temáticas, al recuerdo de infancia. Allí, la memoria reconstruye la casa de los abuelos, espacio real o imaginario -poco importa el dato preciso-; de ella, la narradora protagonista ha conservado solo una pequeña llave que alguien olvidó dentro de una jaula. Llave-pájaro, por qué no pensarla así, que le ha permitido encarar también a Dujovne su propio "cruce" al otro lado del espejo, tanto como dejarse caer en la madriguera-pasaje al mundo de maravillas que Carroll diseñó para su célebre Alicia: "Creo -se dice en La casa grande- que ella es la que me abre la puerta a la ficción cada vez que necesito guarecerme de un chubasco sorpresivo de excesiva realidad, hasta que escampe".
Marta Ortiz
Detalles
| Autor: | Viviana Dujovne |
| Editorial: | Editorial Ross |








